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viernes, 15 de agosto de 2014

EL PAISAJE SONORO Y LA AFINACIÓN DEL MUNDO; R. Murray Schafer

No es este un libro sobre música, ni sobre arte sonoro, por más que pueda resultar gratamente inspirador para los artistas sonoros. Más bien se trata de un agradable y sencillo trabajo que escribe un viejo experto en lo que venimos nominando, desde que él lo inventó, como “Paisaje Sonoro”. El señor Schafer ha dedicado su vida, trabajando en el “World Soundscape Project”, a la exploración y análisis del entorno sonoro en todos sus ámbitos. En este gratificante escrito se deshojan los múltiples aspectos que participan en las manifestaciones sonoras de nuestro planeta dando, valientemente, nombre a diversos y útiles conceptos que nos ayudarán a reflexionar acerca del problema y del disfrute del entorno sonoro de nuestras sociedades.

Proponer cosas tales como los ejercicios de “Limpieza de Oídos” como parte constitutiva en los currículums para las enseñanzas musicales nos dará una idea del valioso concepto de “Ecología Sonora” que se maneja entre estas páginas. El autor nos propone una revalorización del evento sonoro en nuestra sociedad partiendo de la educación y sensibilización de la base de la sociedad humana y no desde la cúspide legislativa y politizada… y para ello nos presenta inestimables datos y estadísticas.

El texto anda preñado de múltiples referencias literarias de todas las épocas acerca de los paisajes sonoros y es quizá esta baza la que hace de este irrepetible trabajo algo atemporal y de grata y entretenida lectura.

Escrito en años ya lejanos para nosotros, es esta rémora un encantador atractivo más de esta primera edición traducida al castellano, en la que las arremetidas del autor en contra de las aberraciones sonoras que sufrían los paisajes sonoros de la época nos parecen hoy en día meras bagatelas… a pesar de la positiva esperanza que manifiesta Schafer en pos de una mayor sensibilización de la población del planeta en cuanto a la capacidad de escucha y apreciación del entorno sonoro, comprobamos hoy en día que todas sus razonables propuestas tales como el “Diseño Acústico”, han sido absolutamente obviadas por nuestra sociedad, llevándonos irremisiblemente a un estado de sordera general de la humanidad que ni siquiera el mismo Schafer se atrevería a pronosticar en su momento.

Yo he leído este excepcional documento como el que disfruta de una vieja y ya clásica película de los años setenta, de ese momento vibrante de creación y expectativas ilusionadas que era incapaz de predecir la inhumana vorágine de absurda “tecnología medievalista” que nos ha hecho sordos y que ha colocado al producto refrito de “The Beatles” en el lugar que debería ocupar el “Sonido de Las Esferas”.

A los esforzados artistas que hoy luchan por limpiar los oídos de la gente, les recomiendo esta edición en exquisito formato FPOP (Formato Papel Oloroso a Papel) que, con sencillo buen gusto, ha editado la editorial Intermedio.

Víctor Sequí

domingo, 27 de enero de 2013

QUARTET DE LA DERIVA de Josep LLuís Galiana


El mercado editorial español se va abriendo a la publicación de textos sobre improvisación libre. El músico Valenciano Josep Lluís Galiana, publicó hace unos meses (en la editorial Obrapropia) una completa e interesante reflexión sobre el tema que ha titulado con gran acierto “Quartet de la deriva” .  Este experimentado improvisador nos presenta, en forma de tesis, los aspectos intrincados de esta antidisciplina musical, así como un precioso abanico de cuestiones candentes acerca de la interpretación musical libre en comparación con la composición escrita.

Lo más valioso de esta edición es la originalidad de su estructura, la cual concluye con el informe completo de las construcciones de dos “situaciones sonoras”  de improvisación libre. Estas situaciones, planteadas ex profeso para esta edición editorial, fueron registradas en vídeo y se nos ofrecen ambas en formato Dvd con la compra del libro. El texto se encarga de describir el proceso y analizarlo, incluyendo interesantes entrevistas y debates entre los componentes del cuarteto. La inmediatez de este material es lo que da todo su valor a esta tesis, pues no se limita a vagar sobre conceptos filosóficos si no que nos ejemplifica todas estas cuestiones de forma totalmente directa y tangible. Estas dos grabaciones han sido realizadas por los cuatro mismos músicos (Quartet de la deriva) en dos situaciones diferentes: privadamente, en estudio de grabación y públicamente, en actuación ante el público. El lector podrá darse cuenta del interés de este experimento.

El autor justifica la gran mayoría de sus análisis sobre la base de la Teoría de la Deriva del filósofo Guy Debord. Establece una convincente comparativa entre el hecho de la Improvisación Libre y esta teoría que trata de analizar el deambular de un grupo de personas por las calles de la ciudad. La analogía es muy clara y el autor nos la muestra de forma convincente, lo cual puede atraer el interés de los aficionados o profesionales de la filosofía sobre la Libre Improvisación. Dado el bajo alcance de esta música, siempre debemos celebrar este tipo de posibles promociones. Aunque el que escribe esta crítica sea partidario de la “desintelectualización progresiva” del hecho improvisatorio, no por ello se muestra reacio a este enriquecedor deambular por las ideas y los sonidos… en ocasiones la intelectualización es una buena herramienta para que las personas debatan y discutan sobre este tema, y el hecho de que las personas debatan y discutan sobre el fascinante tema de la improvisación es siempre buena noticia. El libro de Galiana está agradablemente salpicado de conversaciones y diálogos entre músicos experimentados: las conversaciones con Wade Mathews son de inapreciable valor y los debates con los músicos del cuarteto ejemplifican muy bien las diversas tendencias y opiniones que pueden convivir en este pequeño universo del arte imprevisto. Este constante ambiente de diálogo (en contra del “magisterio”, que tanto daño puede ocasionar a la improvisación “libre”…) es otra de las cosas que otorga interés a esta edición. Es muy lógico que un hacer tan democrático como lo es el de la improvisación colectiva se nos explique de forma dialogada y colectiva. Este es uno de los grandes aciertos periodísticos de Galiana.

La primera parte del libro está dedicada a informarnos de un rico panorama histórico que nos demuestra, con datos, que la improvisación ha existido desde que la música nació. Resulta muy interesante la argumentada línea histórica que demuestra los altibajos que esta presencia ha sufrido, presentando sus momentos más bajos durante la superespecialización interpretativa de la primera mitad del siglo XX (la cultura como espectáculo…) y siendo rescatada gracias al jazz y a los atrevimientos de algunos “músicos contemporáneos”.

Víctor Sequí

ALINA tendrá el placer de ofrecer la música de Josep Lluís Galiana y presentar este libro en una interesante sesión, el día 1 de Marzo en excelente entorno sonoro de La Tirana. Permaneced atentos a la convocatoria…

Referencias internetianas:

Entrevista a Galiana

Quartet de la deriva

jueves, 1 de noviembre de 2012

"IMPROVISANDO" de Wade Matthews


Siempre resulta necesario celebrar la publicación de textos que traten realidades  tan poco conocidas, tan de minorías, como lo es la música de libre improvisación. El músico y programador de conciertos Wade Matthews, ha publicado recientemente un interesante libro acerca del tema llamado “Improvisando”. Creo que la peor de las críticas hacia tan valiente y generosa acción sería responder con el silencio o la ignorancia de su publicación. Por ello, es sano y positivo que los que estamos interesados en la libre improvisación musical seamos igual de valientes y comentemos este texto sobre un tema tan espinoso.

El tratado de Matthews contiene pasajes muy entrañables para los que estamos metidos en esto, pero que espero también lo sean para otras personas que no estén tan relacionadas con este mundillo. Me refiero muy especialmente a las anécdotas personales que el autor nos regala. Es encantadora la referencia a la pequeña disputa entre los dos niños improvisadores, las preguntas de espectadores a las que se ha tenido que enfrentar el autor y demás… Casi, uno podría decir que el libro (si contuviera algunas más de estas) se justificaría a sí mismo y sería de gran valor. También la descripción de algunos eventos o conciertos, que el autor utiliza de forma muy ejemplarizante, resultan de gran valor… al lector interesado le gustaría haberlos presenciado, y esto “alimenta el hambre” por la música de improvisación libre.

En lo que concierne al análisis que realiza del hecho musical, también existen pasajes apreciables. A mí me ha llamado la atención la valiente afirmación de que la música de libre improvisación, cuando alcanza un nivel alto, genera resultados tan contundentes y valiosos como los que produce una buena interpretación de una composición de música contemporánea escrita. Esta es una idea que siempre hemos compartido mis compañeros musicales y yo, y que por una u otra razón no nos hemos atrevido nunca a exponer muy abiertamente. También el autor se atreve a cuestionar la validez de considerar a la música dirigida como verdadera improvisación libre: aunque resulta bastante claro que no lo es, además Matthews nos da razones de gran peso. Este no es más que un problema de terminología pero está bien sacarlo a la luz.

Pero en general, el análisis de Mathhews resulta bastante obvio en la mayoría de los pasajes, una obviedad que alimenta análisis más o menos sesudos no muy fecundos. Cosas como plantearse una “ética de la grabación” ofrecen un buen espacio  para llenar algunas páginas, pero no nos ofrecen al final nada que no sea obvio. El “Stockhausen versus Cage” que pretende, carece de sentido cuando caricaturiza al primero como un obseso por salvaguardar la integridad en la interpretación de sus obras compuestas: ¿qué tiene esto de malo?... Stockhausen no era un músico de improvisación libre, era un compositor egocéntrico, como deben serlo todos los compositores. El autor, a través de análisis como estos, nos acaba despistando un poco, en mi opinión.

El punto más desafortunado quizá sea el hecho de que, tras apoyar reiteradamente su discurso en la sabiduría de figuras del jazz como Ornette Coleman, Monk, Lacy o Braxton, acaba finalmente manifestando que el pulso fijo no es una herramienta adecuada para la libre improvisación. El autor, generosamente, expone sus razones para ello en forma de una salvaguardia de la captación del momento (del propio tiempo del momento) en que se está haciendo música. Esto se entiende muy bien y es interesante, pero no es una razón sino más bien un “gusto” personal. El hecho de que un autor exponga sus gustos y criterios personales en su propio tratado es absolutamente lícito y sano; el problema surgiría cuando algún lector pudiera confundir la opinión del autor con la autoridad de una teoría o “norma”. El estudio posterior que expone acerca del ritmo es interesante y valioso por sí mismo, pero parece un esfuerzo por alejar el “fantasma” de la tradición afroamericana del mundo de la improvisación libre, haciendo de ella una cosa mucho más “europea”.  Parece que se considera necesario que un concierto de música improvisada “libremente”, debiera no solo ser serio sino además parecerlo… no solo ser raro sino además parecerlo… y resulta que el pulso fijo es un gran enemigo para que se produzcan esas apariencias.

En mi opinión el pulso fijo ofrece tal cantidad de frutos expresivos, que intentar erradicarlo de la improvisación libre es dejarla coja, y es acotarla. Para mí, el pulso fijo y otros tipos de pulsos no fijos son indistinguibles en cuanto a su valor para la improvisación. Las referencias sabias citadas en este libro sobre Coleman, Monk, Lacy, Braxton y Guy, fueron inspiradas “precisamente” por sus opciones musicales en relación a tocar sobre un pulso más o menos fijo… ¿Porqué utilizar estas sabias referencias para acabar rechazando el pulso más o menos fijo que estos jazzistas han utilizado siempre?... esto suena un poco a la manía (o necesariedad) de usar citas de nombres reconocidos para apoyar un análisis poco sólido.

También existen en el análisis de Matthews una constante tendencia a dejar muy claro (sin decirlo claramente) que el improvisador libre debe obligar al espectador a escuchar lo que hace de la forma en que él quiere; una forma muy pulida por años de trabajo, sensibilidad exquisita  y experiencias musicales que otros (los espectadores) no son capaces de apreciar. Lo cual es lo mismo que afirmar que la música de improvisación libre solo puede tener un público con el perfil de “músico altamente cultivado en improvisación libre”. Entonces, el círculo de la difusión de estas músicas será siempre cerrado y muy limitado, cosa que parece ser considerada como necesaria para este tipo de tendencias. En mi opinión, no es lícito exigir al público trabajador que paga la entrada con toda su buena intención y predisposición, que haga un esfuerzo sobrehumano por comprender las exquisitas sutilezas (conceptuales y sensuales) del artista… Stockhausen, en su preocupación por que su composición se interpretara en las mejores condiciones para que el oyente pudiera captar las sutilezas de su composición, resulta un tipo simpático y generoso en comparación con esto… Hacer un esfuerzo para que el espectador "disfrute" (palabra tabú) de lo que se le está ofreciendo, cuando el espectador (no nos engañemos) hace un esfuerzo para escucharte: ¡¡ES BUENO!!... otra cosa es que los consideremos como a seres inferiores necesitados de una "iluminación"...

Finalmente, el hecho de que el panorama editorial español empiece a abrirse a la publicación de textos valiosos como este de Matthews, sobre temas tan poco difundidos como el de la libre improvisación, es una gran noticia. Todo esto puede ayudar mucho a generar debate y diálogo en el pequeño mundo de la improvisación, algo que puede ayudar a eliminar (o al menos diluir) los pequeños sectarismos que lo lastran.

Víctor Sequí